La muerte como problema
La muerte es uno de los temas más desconcertantes para el
ser humano y ha sido objeto de debates religiosos, científicos y filosóficos a
lo largo de la historia de la humanidad e independientemente de las diversas
culturas y civilizaciones que han existido.
El problema no esta demás, la muerte es algo que afecta a
cada ser humano y es lo único que se tiene por seguro. Ninguna otra realidad
es, quizá desde la experiencia cotidiana, tan segura como el que un día
moriremos, y eso lo convierte en un problema no sólo intelectual, sino
profundamente personal.
Diversas respuestas
La visión de la muerte, su significado y relación con la
vida misma ha tenido diversas respuestas. Desde los que niegan preocupación
alguna por ella, hasta las respuestas de un más allá donde se siga viviendo en
la eternidad. Vivir de cara a la muerte ha conllevado diversos ritos de
carácter religioso o civil que le dan sentido a una realidad que quizá no la
tenga. De ahí que sea tan importante la reflexión entorno a ella y
que papel juega en nuestro ser de humanos hasta que grado la muerte es más que
sólo dejar de estar y se convierte en, quizá, trascendencia.
Toda reflexión entorno al ser del hombre conlleva el
problema de la muerte. Es una realidad de la que no se puede escapar y que está íntimamente ligada al concepto de la vida al grado que se puede tomar
consideraciones de diversas: desde lo que piensan que saben qué es la muerte y,
en consecuencia, no ha problema; y los que afirman sin más la inmortalidad del
alma, cómo si ello quitará la crisis que implica la misma.
Desde lo griegos se ha definido la muerte como la
“separación del alma y del cuerpo” tal y como lo presentó Platón. En este caso,
el problema de a muerte se resuelve al demostrarse la inmortalidad del alma;
sin embargo, no es ni la única visión respecto de la muerte ni quizá la que más
valga la pena analizar. De hecho, antes de afirmar la inmortalidad, es
necesario analizar bien que significa morir
y su importancia.
Acercamientos entorno a la muerte
Uno de los primeros acercamientos, como lo es el
fenomenológico, nos revela que sólo el hombre es consciente de la muerte. Esta
conciencia ha sido en ocasiones apaciguada o no reflexionada negando la
realidad (acudiendo a la argumentación de Epicuro): Si no la siento, no
existe, y si no existe, no importa. Pero rechazar la muerte no es por mucho la
única visión, ni siquiera la más realista y completa. Al final, se trata sólo de una evasión.
Si algo que se puede observar respecto a la muerte, es que
moriremos, lo queramos o no; pero, más allá de nuestra muerte personal, esta el
drama de la muerte del ser querido. Filósofos como San Agustín y Gabriel
Marcel reflexionaron sobre esto: la muerte del ser amado es, de alguna forma, la
muerte de mí mismo. Es decir, cuando
se ama a alguien, la muerte de esta persona se vive como propia, algo de
nosotros muere con ella, no es algo académico ni impersonal. Al contrario,
afecta en todo lo que nos hace ser.
Otro acercamiento al problema de la muerte viene de la
visión científica. La muerte viene a ser un fenómeno biológico con sus propias
leyes y condiciones. Todo organismo biológico, incluido el hombre, es perecedero.
El punto de vista científico ha ayudado a desmitificar el fenómeno de la muerte;
no obstante esto, hay una reflexión más profunda: La metafísica.
El tercer acercamiento al fenómeno de la muerte, el
metafísico, nos habla de la composición hilemórfica (materia prima y forma
sustancial) de los entes materiales, vivos o no vivos. Debido a la materia
misma es que los seres naturales no son inmortales, pues la materia cambia, se
desestructura, sufre cambios
accidentales hasta el grado en que lo accidental se vuelve sustancial y la
materia no puede seguir sosteniendo su forma. En el ser vivo, esto es morir.
Muerte "humana"
En el caso del ser humano, la muerte es siempre algo más y
trasciende lo meramente biológico. La muerte no es sólo morir, sino que es
también la consideración del carácter mortal de la existencia. La muerte humana
es, ante todo, la imposibilidad de actualizar ulteriormente la vida personal en
el mundo. Sólo el hombre muere, pues
es consciente de su realidad como ser finito mientras que los demás seres perecen.
Para entender esto, hay que recordar lo dicho anteriormente. El cuerpo del ser
humano es un cuerpo humano. Las
condiciones del cuerpo son condiciones humanas,
es una condición existencial y no meramente biológica.
Esto convierte el drama de la muerte humana en algo totalizante. La muerte es una amputación, recordando
la unidad consustancial de cuerpo y alma sostenida en la filosofía
aristotélico-tomista. El alma separada del cuerpo es siempre un alma tendiente
a dicha unidad. Se podría decir que esta incompleta por haber sido separada del
cuerpo a la que esta ordenada.
Ser-para-la-muerte, espíritu encarnado
Este sentido es completamente contrario a la visión de
Sartre de la muerte como ajena a la existencia, quitándole así la importancia a
la misma. Pero si el hombre es realmente un espíritu
encarnado, su ser-para-la-muerte (en términos heideggarianos) no puede
separarse de su ser-para-el-mundo. Le es esencial y la experimenta. Sólo en el
momento de la muerte es que se experimenta al extremo la unidad de cuerpo y
alma. Y puesto que son una unidad -y la muerte inicia desde el día del
nacimiento- significa que la muerte está presente en toda la existencia misma
del ser humano, no solo al final: le da valor a la vida. La muerte es la orientación de la existencia misma.
Fuentes:
Lucas, R. (2005) El hombre, espíritu encarnado. Sígueme. Disponible en: http://moodle2.unid.edu.mx/dts_cursos_mdl/lic/AE/SH/AM/03/El_hombre_espiritu_encarnado.pdf
Fuentes:
Lucas, R. (2005) El hombre, espíritu encarnado. Sígueme. Disponible en: http://moodle2.unid.edu.mx/dts_cursos_mdl/lic/AE/SH/AM/03/El_hombre_espiritu_encarnado.pdf


